Abracemos los fallos

27 marzo 2014 / Categoría: Noticias  0 comments

Cuando le preguntamos a cualquier  alumno  independientemente de su edad qué es lo que peor lleva, generalmente contesta que  una o varias materias en sí: lengua, matemáticas,  inglés, ciencias… Algunos responden que el colegio . Y, aunque muchos no lo sepan, así es.

Más aún. Lo que de verdad ocurre es que cuando están en el colegio se fijan  en sus fallos: en las correcciones que el profesor anota en los exámenes;  cuando se equivocan al hacer un problema en clase, en las notas que sacan. Y de hecho los adultos a veces tendemos a afearles que no hayan comprendido tal o cual concepto, o  que hayan suspendido un examen. Incluso llegamos a ridiculizarles.

Esta realidad está tan metida en nuestros huesos que cuando le intentamos cambiar la perspectiva al chaval explicándole  lo importante que es aprovechar el feedback que nos proporcionan los errores, no se lo terminan de creer.

Vayamos al meollo del asunto.

Está comprobado que una persona tarda unas diez mil horas en hacerse experto en algo. El punto clave  no está realmente en cuánto tiempo esté practicando la actividad en cuestión,  sino más bien en  cómo lo hace. Lo más importante es fijarse en qué es lo que va mal y mejorarlo hasta que llega otra dificultad. A esto se le llama práctica deliberada.

Un ejemplo: el violinista que estudia una pieza y se detiene y trabaja específicamente el pasaje que no consigue dominar. Hasta que no lo logra, no para. Luego pasa al siguiente.

Este mismo principio se puede aplicar al trabajo en el ámbito educativo. Y es que los errores en el aula nos dicen dónde hay que poner el foco de atención.

Pero ¿por qué los chicos no ven los errores como algo valioso que nos ayudan a mejorar? Sencillamente porque perciben los fallos desde un punto de vista emocional.  Se sienten tontos, violentos. Se  avergüenzan.

Así pues el éxito académico depende de qué es lo que sienten los estudiantes cuando fallan.  Y el mejor regalo que un profesor hacerle a un alumno es cambiarle la perspectiva sobre ello.

Estaría genial entrar en clase y encontrarse alumnos comprometidos con su aprendizaje y  en constante mejora. Démosles herramientas para que perciban los errores con  otras gafas 🙂

Por ejemplo: 

–        Seamos específicos sobre los errores. Pueden deberse a un error de concepto,  un descuido, una mala interpretación de una pregunta formulada en clase…

–        Analicemos  en común los fallos más frecuentes en un test. Destripemos el asunto hasta que haya sido comprendido por todos. Cuando esto ocurre hay un ambiente muy distendido en clase, ¿verdad?

–        Repasemos en qué se ha fallado, si se trata de que no se memorizó lo que debía, que no se  siguieron los pasos necesarios para llegar al  meollo del asunto…. Y todo esto quitándole importancia a las correcciones en rojo.  Así el chaval se motivará mejor y podrá construir una relación fructífera con los errores.

 

En fin, llega el viernes 🙂 ¡Buen finde!

Fuente: Edutopia

 

Lluca Salvo

(Lluca.salvo@es-coaching.es)



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