EL NIÑO DE HOY, ADULTO DEL MAÑANA

21 abril 2014 / Categoría: Aprendizaje  0 comments

Hace tiempo que vengo observando los comportamientos de la gente y las reacciones que producen en los demás.

Un comportamiento violento genera miedo en el otro, bloqueo mental y pérdida de autoestima. Un comportamiento afectuoso produce cercanía, optimismo y por supuesto aumenta la autoestima.

Pero quizá lo que más me llama la atención es, que siendo comportamientos totalmente opuestos provocan, a la larga, reproducciones exactas de lo que cada persona ha recibido.

El que ha sido tratado con violencia se convertirá en el futuro en una persona violenta, con miedos, inseguridades y falta de autoestima. Por el contrario, la persona que ha recibido afecto, será una persona afectuosa, con ganas de ayudar a los demás, muy segura de sí misma y con una enorme capacidad para aprender.

Pero, desgraciadamente, cada persona a lo largo de su vida no recibe estos “tratamientos” de los demás de forma pura, sino que se van entrelazando episodios en la vida de cada uno con fuertes dosis de ambos comportamientos, corrientes que provienen de la familia, el entorno escolar, las amistades y, en la edad adulta, el influyente campo profesional.

Mi observación durante estos años y, el contraste con determinados estudios, me hacen pensar que si el entorno familiar y educativo en los primeros años de vida es “confortable”, aunque en el futuro, el adulto se tope con comportamientos “no gratos”, su personalidad evolucionará de forma positiva y con conductas afectuosas hacia los demás. Se habrá creado una barrera de seguridad “en si mismo” que impedirá cualquier caída libre en el vacío. Aunque aparezcan problemas de gran calado, tendrá la capacidad para enfrentarse a ellos sin “hundirse” y llegando a soluciones satisfactorias, aunque sufra por el camino.

Por el contrario, una infancia con un entorno familiar violento y un entorno educativo que convierte al niño en un problema, está creando las bases para un futuro adulto desestructurado, violento y nada respetuoso ni con los demás ni consigo mismo.

Es sencillo concluir que donde se debe hacer el esfuerzo es colaborando con padres y educadores en su tarea de ayudar al niño, creando equipos multidisciplinares que trabajan con un objetivo común: formar al adulto del mañana bajo unas premisas de aprendizaje que le conviertan, en el futuro, en una persona que se quiera, primero a sí mismo y en consecuencia a los demás.

La actualidad política, económica y social de este siglo XXI, puede hacer pensar que estoy hablando de Utopía, pero somos ya muchos los que pensamos y creemos que es un camino extremadamente complejo pero no imposible. El primer paso es creérselo, el siguiente peldaño es remangarse y ponerse a trabajar. Es posible que los hombres y mujeres de este siglo puedan sentar las bases para convertir una sociedad de hombres y mujeres comprensivos y no violentos y por ende decentes. Espero y deseo que mis ojos, algún día, puedan llegar a verlo.

Majadahonda 18 de abril del 2014

Lola F. Orihuela
lola.orihuela@es-coaching.es



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