Los niños y sus circunstancias.

20 mayo 2015 / Categoría: Aprendizaje, Emociones, Noticias, Sin categoría  0 comments

Ya decía Ortega Gasset “yo soy yo y mis circunstancias”. Somos producto de nosotros mismos y del ambiente en que nos desarrollamos.

Los niños en primera instancia viven inmersos en las circunstancias de sus padres, de su familia. Luego se va ampliando el entorno: la guardería, el colegio, el instituto…

Si a los adultos, con todo nuestro bagaje, experiencia y herramientas, ya nos cuesta mantener el equilibrio en el día a día, teniendo a raya las frustraciones, los miedos, los inconvenientes, los imprevistos. Buscando el consuelo en las pequeñas cosas, apreciando los momentos felices y viéndole la parte positiva a las cosas. ¿Qué no les pasará a los niños?

Ellos “maman” de nuestro entorno y responden a él lo que mejor que saben en función de lo que observan, perciben,los adultos. Lo que les queda por aprender se lo enseñamos nosotros.

En el día a día oímos comentarios sobre niños que son  “juzgados” como si fueran adultos y dueños de su destino, esperando de ellos respuestas, actuaciones que aún no les son propias.

Cada edad tiene por así decirlo su cuota de aprendizaje en las distintas facetas de la vida. Recriminar a un niño de un año que haya perdido su coche favorito en el parque porque ya le habíamos advertido previamente de que se le podía quedar enterrado en la arena es mucho pedir.

Como también lo es esperar que los niños aprendan solos a hacer esquemas, estudiar y  desbrozar la información que circula por internet y que sepan  distinguir la paja del grano.

O dominar su equilibrio emocional, organizar los deberes o “desconectar “de las tareas mientras juegan. Esto último cada vez se está haciendo más difícil. (El tema de las tareas escolares es otro cantar al que dedicaremos otro artículo).

Los niños, los chavales están estresados al igual que los adultos,  sólo que por edad y falta de experiencia no disponen de las mismas herramientas que nosotros para hacerles frente.

Ser padres todos sabemos que es muy complicado. Necesitamos detenernos, tomar distancia, respirar hondo y saber ver lo que nos hijos nos quieren decir- muchas veces de forma inconsciente- con sus gestos, respuestas, ausencias, lloros, consentimientos, rabietas, negativas, malas palabras; besos y abrazos, ternura, detalles que derriten.

Tengamos confianza en nuestras capacidades como padres y confiemos en que las cosas van a salir bien con nuestros hijos.

Las prisas pueden acabar con nosotros. Calculemos mejor los tiempos, aflojemos la marcha y seamos razonables cuando organicemos las agendas. Todos saldremos ganando. ¿Es realmente necesario ir corriendo y apurados a todas partes?

Procurémosles un ambiente seguro, mullido, cálido, lleno de risas y ternura, donde puedan expresar en total confianza sus sentimientos y donde se sepan queridos por lo que son. Y que estén convencidos de que, aunque nos enfademos con ellos, les queremos siempre 🙂

 

Lluca Salvo

(Lluca.salvo@es-coachingeducativo.es)



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